Restaurante situado en una calle atrás de la concurrida avenida Meritxell en Andorra la Vella.
En Andorra en el centro siempre me cuesta comer en algún lugar que no sea una franquicia de hamburquesa o de pollo, especialmente si voy con niños.
Este restaurante es un local pequeño con pocas mesas y me parece que tienes que tener suerte para encontrar sitio cualquier día al mediodía.
Cuando llegamos el local parecía estar completo pero quedó una mesa libre para cuatro, lo bueno es que tienen mucha rotación.
Restaurante de solera en la zona del Hospital de Sant Pau.
La decoración es muy correcta aún así sorprende lo antiguo que se ve todo, esto no es algo necesariamente malo.
Aparentemente hace años que no reforman pero aún así el local es correcto aunque me produjo una sensación extraña.
Otra cosa que llama la atención es una iluminación exagerada que contrasta con todos los locales de nueva factura a los que podemos estar acostumbrados en los que nos tienen siempre a oscuras.
Cena para cinco un viernes por la noche, no hacía falta reservar.
Un sitio de foundies cerca del Arc de Triumf.
El local es muy antiguo y llevan mucho tiempo haciendo lo mismo.
No hay nada que decir de la decoración ni del local, el sitio estaba atestado y lleno de fumadores, eso no ayuda.
Al entrar ya me sorprendió que había muchas mesas ocupadas por grupos grandes y en general mucho follón y ruido.
Cena para cuatro un sábado por la noche con reserva.
Un restaurante que por algún motivo casi pasa desapercibido y que está en el centro de Barcelona.
Situado en la calle Fontanella más cerca de Plaça Urquinaona que de Plaça Catalunya, tienes que saber que está ahí o pasar por delante.
Es un local grande, con bastantes mesas y dos pisos de altura.
Es oscuro y en cuanto a la decoración podríamos decir que es colonial, me gustan sus mesas bien preparadas y su iluminación tan bien resuelta.
Así que comida para tres un día entre semana.
Tres años y medio y vuelvo a este lugar.
La primera vez que lo hice lo recordaba en este artículo de junio del 2006, hay que ver como pasa el tiempo.
El local sigue igual con ese aire de intimidad que no convence pero yo lo sigo encontrando agradable.
Es grande, tienen mucho espacio y por ejemplo creo que pueden cenar grupos de 15 personas sin muchos problemas.
Quizás todo ese espacio es lo que le quita el aire de intimidad que se pretende con la iluminación y la decoración, una sensación muy personal.
Cena para cuatro a última hora sin reservar un sábado por la noche.
lee el resto de: El Cap Bo 

